Introducción y el por qué de este blog

Creo que antes de querer transmitir lo que pienso y siento, debo presentarme y contar mis objetivos con este blog. Pero, como hice el intento de resumir todo en pocas palabras y no me salió bien (como siempre me pasa), decidí colocar subtítulos a esta introducción.

 

Formación profesional

En cuanto a mi formación y profesión, yo estaba intentando comenzar mi carrera laboral luego de graduarme como abogada hasta que decidí que mi mundo no estaba en las leyes sino en la informática. Así que a eso me dedico ahora: a las computadoras. Volví a la universidad y empecé otra vez desde el principio para hacer lo que de verdad me apasiona.

 

Este blog

En cuanto al tema principal de este blog, dista mucho del mundo abstracto y perfectamente racional de las computadoras. Pero fue justamente esto lo que me llevó a encontrar mi vocación. Y, munida de mi siempre presente deseo de hacer algo por otras personas, quise poner mis nuevos conocimientos a disposición de todo el que quiera leerlo. Así que decidí empezar un blog y volcar en él mis andanzas espirituales.

Probablemente hubiera pocas personas más escépticas que yo antes de que empezara en este camino, pero nunca dejé de lado mi interés por conocer, y nunca dejé de intentar racionalizar y cuestionar todo. Hasta que le tocó el turno a mis creencias. ¿De dónde venían? ¿En qué creía yo realmente? Y me di cuenta de que estaba siendo víctima de lo que yo misma más temía: creer en algo sólo porque otros dicen que así son las cosas; “conocimientos heredados”.

 

Mi camino espiritual

Desde que fui a aquella conferencia sobre metafísica sin saber siquiera dónde me estaba metiendo, no dejé de interiorizarme sobre temas que me ayudaran a expandir la conciencia. Y fue en ese momento cuando leí un libro de Conny Mendez que, luego de explicar algunas cuestiones, aconsejaba: “no me creas: pruébalo”. Y fue exactamente lo que hice. Y exactamente lo que recomiendo a otros, aunque yo agregaría también “siéntelo”. Porque no hay nadie que pueda decirnos qué está bien o qué está mal. Sólo nuestra intuición puede hacerlo. Si algo no te convence, primero te aconsejo que le des una oportunidad y conozcas un poco antes de descartarlo por completo. Pero, si aún así no “resuena” con tu interior, entonces es que no está por allí tu camino.

En mi caso, continúo tratando de absorber todo el conocimiento posible, dejarlo “asentarse” dentro de mí y procesarlo para ver qué resulta. Para lograrlo, intento leer a pensadores y autores de distintas épocas y con opiniones diversas (entre ellos, Gurdjieff, Osho, Joe Vitale, Ouspensky, Krishnamurti…), ver videos donde se hable sobre temas de interés espiritual/filosófico desde distintos puntos de vista (Padre Ignacio Peries, Ravi Shankar, Enric Corbera…) y asistir a conferencias y cursos sobre diferentes técnicas (metafísica, respiración, meditación, reiki, registros akáshicos…). En mi caso, todo esto me ayuda a alimentar a mi mente racional con lo que ella quiere: conocimiento. Para otros, probablemente el conocimiento racional no sea la clave. Es por eso que cada uno debe buscar su propio camino.

 

Mi responsabilidad

En este blog pretendo sólo volcar el poco o mucho conocimiento que voy adquiriendo a través de vivencias, momentos de reflexión y experiencias. En estas vivencias intento aplicar el conocimiento adquirido para estar consciente de qué es lo que debo observar de cada una de ellas, por eso aclaro que estas son opiniones muy personales (y, en estos temas, todas lo son: nadie sabe cuál es realmente la verdad).

No intento dar lecciones a nadie ni guiar a nadie hacia ningún objetivo. Cada cual tiene sus propios objetivos, y su ser interior le indicará qué es lo que sirve a la expansión de su conciencia, qué es lo que le “resuena”.

Algo que creo que es importante destacar es que creo que el aprendizaje es constante, por lo que cada cosa que escribo es lo que siento en ese momento en particular, y nada garantiza que mi opinión no cambie al ver las cosas desde una perspectiva más amplia.

 

Gracias por leerme.

Patricia M.